Los ataques de pánico pueden controlarse eficazmente reconociendo los síntomas físicos y emocionales, identificando los desencadenantes personales y aplicando estrategias de afrontamiento basadas en pruebas, como técnicas de respiración profunda e intervenciones terapéuticas a cargo de profesionales de la salud mental autorizados.
¿Ha sentido alguna vez que su corazón se aceleraba y su respiración se detenía sin motivo aparente? Los ataques de pánico pueden producirse sin previo aviso, pero reconocer los desencadenantes y aprender estrategias de afrontamiento probadas puede ayudarle a recuperar el control y encontrar alivio.

En este artículo
¿Puede la genética influir en mi riesgo de padecer depresión?
La investigación no ha identificado una causa única y definitiva de la depresión mayor que se aplique universalmente. Al igual que muchas enfermedades mentales, la depresión es probablemente el resultado de una compleja interacción de factores que varían significativamente de una persona a otra. Sin embargo, la mayoría de los expertos reconocen que la genética desempeña al menos algún papel en esta enfermedad.
A continuación, exploramos la conexión entre la depresión y la genética, otros posibles factores contribuyentes y lo que esta información podría significar para su viaje de salud mental.
Comprensión de la depresión (trastorno depresivo mayor)
La depresión, también conocida como depresión mayor o trastorno depresivo mayor (TDM), es un trastorno del estado de ánimo que puede afectar a personas de todas las edades. Según el Instituto Nacional de Salud Mental, aproximadamente el 8% de los adultos estadounidenses experimentarán al menos un episodio depresivo a lo largo de su vida, lo que la convierte en una de las enfermedades mentales más frecuentes en la actualidad. Sin embargo, su frecuencia no disminuye su gravedad.
Aunque la intensidad de los síntomas varía de una persona a otra, los trastornos psiquiátricos como la depresión mayor pueden causar un malestar significativo, afectar sustancialmente al funcionamiento diario y a las relaciones, y repercutir negativamente en el bienestar general. Reconocer los síntomas es crucial para buscar el tratamiento adecuado cuando sea necesario.
Síntomas comunes de la depresión
- Tristeza persistente
- Sentimientos de vacío, desesperanza o inutilidad
- Disminución del interés por actividades que antes disfrutaba
- Cambios significativos en los patrones de sueño
- Cambios notables en el apetito o los hábitos alimentarios
- Fatiga o falta de energía
- Dificultad para concentrarse
- Pensamientos de autolesión o suicidio
Es importante tener en cuenta que determinados síntomas de depresión deben persistir durante al menos dos semanas e interferir en el funcionamiento normal para justificar un diagnóstico clínico de trastorno depresivo mayor.
Tres factores de riesgo principales
Los investigadores siguen debatiendo las causas exactas de la depresión porque aislar un único factor es todo un reto. En la actualidad, existen tres teorías principales basadas en pruebas genéticas y estudios de otros mamíferos: dos que apoyan posibles vínculos genéticos y una que se centra en las influencias ambientales.
Experiencias vitales estresantes o traumáticas
Una teoría sugiere que la depresión puede desarrollarse como respuesta al estrés o a un trauma psicológico provocado por determinados acontecimientos vitales. Esto podría explicar por qué algunas personas desarrollan depresión tras sufrir una ruptura, la pérdida de un empleo, un duelo o un trauma sexual.
Sin embargo, muchas personas sufren depresión sin que se produzca ningún acontecimiento desencadenante claro. Además, algunos desarrollan depresión después de tales acontecimientos mientras que otros no, un fenómeno documentado incluso en estudios de gemelos en los que hermanos comparten experiencias similares. Esto sugiere que la depresión implica algo más que reacciones a cambios vitales difíciles o traumas emocionales.
Las estadísticas sobre el trastorno de estrés postraumático (TEPT ) y la depresión ofrecen más información. Las investigaciones indican que las personas con TEPT tienen entre tres y cinco veces más probabilidades de desarrollar depresión que las que no lo padecen. Aunque esto apoya el papel de las experiencias vitales en la depresión, el hecho de que la comorbilidad no sea del 100% sugiere que también intervienen otros factores.
Desequilibrios hormonales o de neurotransmisores
Otra teoría propone que la depresión tiene su origen en la estructura neurológica o en el funcionamiento a nivel celular. Esto podría implicar desequilibrios en las sustancias químicas del cerebro denominadas neurotransmisores, que podrían ser el resultado de una composición genética, similar a otras enfermedades hereditarias como la hipertensión arterial. Estos neurotransmisores influyen tanto en el estado de ánimo como en diversas funciones fisiológicas.
La serotonina parece especialmente crucial en la depresión. Este neurotransmisor afecta a los sentimientos de satisfacción y a los ciclos de sueño-vigilia, por lo que unos niveles insuficientes podrían explicar ciertos síntomas emocionales y físicos de la depresión. El desequilibrio puede deberse a que el organismo no produce suficiente serotonina o a que el neurotransmisor no se utiliza correctamente debido a receptores insuficientes o defectuosos.
Estos trastornos pueden deberse al abuso de sustancias o a la herencia de ciertos genes relacionados con el desarrollo cerebral. Esto último explicaría por qué la depresión suele ser hereditaria -algunas fuentes indican un posible factor de heredabilidad de hasta el 50%- y por qué algunas personas padecen depresión sin que existan desencadenantes ambientales evidentes. La genética también podría causar disfunciones en la liberación de hormonas adrenocorticotrópicas por parte de la hipófisis.
Un enfoque combinado
La tercera teoría principal combina las dos anteriores, sugiriendo que algunos individuos pueden tener una predisposición genética a la depresión a través de desequilibrios heredados de los neurotransmisores o vulnerabilidades neurológicas, pero que la depresión se desencadena entonces por acontecimientos vitales estresantes o traumáticos. Esto explicaría por qué algunas personas son más propensas a la depresión tras experiencias difíciles y por qué la depresión parece ser hereditaria. Sin embargo, no explica totalmente los casos de depresión sin causas contextuales obvias, lo que indica que la investigación en este campo sigue evolucionando.
Implicaciones de la conexión genética
Los recientes movimientos de concienciación sobre la salud mental han transformado la percepción pública de afecciones como la depresión, a lo que ha contribuido significativamente la información sobre los posibles componentes genéticos. Este conocimiento ha ayudado a muchos a comprender que la depresión es una afección médica que no está relacionada con la fuerza de voluntad o el carácter. Aunque persiste cierto estigma, la depresión se considera cada vez más como el trastorno médico que es y no como un fallo personal.
Conceptualizar la depresión como potencialmente influenciada por la genética también tiene implicaciones para el tratamiento. Conocer los antecedentes familiares de depresión permite hacer un seguimiento de los síntomas, lo que permite intervenir antes si aparecen. Esto es valioso porque el diagnóstico precoz puede influir significativamente en los resultados, ya que la depresión no tratada puede empeorar con el tiempo y aumentar el riesgo de desarrollar trastornos por consumo de sustancias o de adoptar conductas autolesivas.
Sin embargo, tener un familiar de primer grado con depresión no garantiza que usted vaya a desarrollar la enfermedad. La depresión es un trastorno complejo al que contribuyen múltiples factores. Por el contrario, quienes no tienen antecedentes familiares de depresión pueden padecerla. Mientras que algunas enfermedades pueden ser totalmente genéticas, la depresión parece tener más matices. El conocimiento de los antecedentes familiares simplemente proporciona información útil que le permite vigilar su salud mental con más atención.
Buscar ayuda y apoyo
Comprender que la depresión suele tener componentes genéticos y que puede afectar a cualquiera puede ayudar a las personas a superar el estigma que supone buscar ayuda. Si experimenta síntomas de depresión, se recomienda buscar apoyo profesional. Existen tratamientos eficaces.
Laterapia conversacional -en particular la terapia cognitivo-conductual (TCC)– se recomienda habitualmente para la depresión, con metaanálisis que respaldan su eficacia. Pueden considerarse otros enfoques terapéuticos, como la terapia electroconvulsiva (TEC) en determinados casos. En función de sus circunstancias específicas, el médico también puede recomendarle medicación junto con la terapia. Además, las modificaciones del estilo de vida, como el ejercicio regular y una alimentación nutritiva, suelen complementar los planes de tratamiento.
Opciones de terapia telesaludable
Para los interesados en apoyo terapéutico para los síntomas de la depresión, la terapia telesalud ofrece un punto de partida accesible. Para muchos, la atención virtual es menos intimidatoria y más cómoda que las sesiones tradicionales en persona. ReachLink le conecta con trabajadores sociales clínicos autorizados a través de sesiones de vídeo seguras para abordar sus problemas de salud mental. Las investigaciones sugieren que la terapia en línea puede ser incluso más eficaz para tratar la depresión que las sesiones en persona, por lo que merece la pena tenerla en cuenta si se enfrenta a barreras para la atención tradicional o prefiere los formatos virtuales.
Conclusión
Por lo general, no es posible aislar una única causa de trastornos mentales complejos como la depresión. Muchos expertos en salud mental creen que suele ser el resultado de una combinación de factores, incluida la genética. Si tiene antecedentes familiares de depresión, puede tener un mayor riesgo de padecerla. Si nota signos de depresión, se recomienda consultar a un profesional de la salud mental. Existen opciones de tratamiento eficaces para ayudarle a controlar los síntomas y mejorar su calidad de vida.
PREGUNTAS MÁS FRECUENTES
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¿Cuáles son los primeros síntomas de un ataque de pánico?
Las primeras señales de alarma son aceleración del ritmo cardíaco, sudoración, temblores, dificultad para respirar, opresión en el pecho, mareos y sensación de estar a punto de morir. Reconocer estos síntomas a tiempo puede ayudarle a poner en práctica estrategias de afrontamiento antes de que el ataque empeore.
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¿Qué técnicas terapéuticas pueden ayudar durante un ataque de pánico?
Las técnicas más eficaces son los ejercicios de respiración profunda, los métodos de anclaje como la técnica 5-4-3-2-1, la relajación muscular progresiva y las prácticas de atención plena. La terapia cognitivo-conductual (TCC) le enseña a cuestionar los pensamientos catastróficos y a replantear su reacción ante los síntomas de pánico.
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¿Cómo puede ayudarle la terapia a identificar y controlar los desencadenantes del pánico?
La terapia le ayuda a reconocer patrones y desencadenantes específicos mediante técnicas como llevar un diario de pánico y explorar experiencias pasadas. Los terapeutas utilizan la terapia de exposición, la TCC y otros enfoques basados en la evidencia para reducir gradualmente su sensibilidad a los desencadenantes y desarrollar estrategias de afrontamiento eficaces.
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¿Qué puedo esperar de las sesiones de terapia para los ataques de pánico?
Las sesiones suelen incluir el aprendizaje de la fisiología de los ataques de pánico, la práctica de técnicas de respiración y relajación, la identificación de patrones de pensamiento y la adaptación gradual y controlada a las situaciones temidas. Su terapeuta trabajará con usted para desarrollar un plan de tratamiento personalizado utilizando enfoques basados en la evidencia.
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¿Es eficaz la terapia en línea para tratar los ataques de pánico?
Las investigaciones demuestran que la terapia en línea puede ser tan eficaz como el tratamiento presencial de los ataques de pánico. La comodidad y accesibilidad de las plataformas de telesalud permiten mantener sesiones regulares, lo que es esencial para desarrollar habilidades de afrontamiento y mantener el progreso en el control de los ataques de pánico.
