Los efectos del «doomscrolling» incluyen un aumento de la ansiedad, la depresión, los trastornos del sueño y el agotamiento emocional provocados por el consumo compulsivo de noticias negativas; sin embargo, estrategias basadas en la evidencia, como la terapia cognitivo-conductual y las intervenciones basadas en la atención plena, pueden ayudar a romper estos patrones perjudiciales y a recuperar el bienestar mental.
¿Por qué sigues desplazándote por titulares deprimentes a las 2 de la madrugada, aunque sabes que te hace sentir fatal? Comprender los efectos del doomscrolling en tu salud mental es el primer paso para liberarte de este ciclo sin sentirte culpable.

En este artículo
¿Qué es el «doomscrolling»?
Estás tumbado en la cama, con el móvil en la mano, moviendo el pulgar casi en piloto automático. Un titular lleva a otro: un informe sobre el clima, una crisis política, imágenes de un desastre natural al otro lado del mundo. Te sientes peor con cada deslizamiento, pero sigues adelante. Eso es el «doomscrolling».
El doomscrolling es el consumo compulsivo de noticias negativas o contenidos angustiosos, incluso cuando te causan daño emocional. No se trata solo de pasar demasiado tiempo en Internet. Se trata específicamente de buscar, o de dejarte llevar por, contenidos que te hacen sentir ansioso, desesperanzado o abrumado.
El término se popularizó durante la pandemia de COVID-19, cuando millones de personas se veían pegadas a las cifras de casos y las estadísticas de mortalidad hasta altas horas de la noche. Pero el comportamiento en sí no es nuevo. La gente siempre se ha sentido atraída por la información alarmante, ya sea a través de los canales de noticias por cable que emiten las 24 horas del día o actualizando páginas web tras acontecimientos importantes. El smartphone simplemente ha hecho posible hacerlo en cualquier lugar y en cualquier momento, incluso a las 2 de la madrugada, cuando deberías estar durmiendo.
Doomscrolling frente a desplazamiento sin sentido
No todo el uso excesivo del teléfono es doomscrolling. El desplazamiento sin pensar puede consistir en ver pasivamente vídeos de cocina, hojear fotos de vacaciones o perder una hora en entretenimiento aleatorio. Puede que te sientas improductivo después, pero no necesariamente angustiado.
El doomscrolling es diferente porque el contenido en sí mismo es emocionalmente pesado. La diferencia clave está en cómo te sientes durante y después. Algunos ejemplos son actualizar obsesivamente los resultados electorales a pesar de la creciente ansiedad, ver imágenes de desastres en bucle, leer secciones de comentarios llenas de conflicto o sumergirte en hilos sobre el colapso económico. Reconoces que el contenido te está afectando, pero algo te hace seguir desplazándote.
Si alguna vez has dejado el móvil sintiéndote agotado, enfadado o asustado tras una espiral de noticias a altas horas de la noche, has experimentado el doomscrolling de primera mano.
Por qué es tan difícil dejar de hacer doomscrolling
Si alguna vez te has dicho a ti mismo «solo cinco minutos más» para luego levantar la vista una hora después, no se trata de un problema de fuerza de voluntad. Te enfrentas a una combinación de el antiguo funcionamiento del cerebro y la tecnología moderna diseñada específicamente para que sigas desplazándote. Entender por qué el doomscrolling es tan adictivo puede ayudarte a abordar el hábito con autocompasión en lugar de autocrítica.
El bucle de la dopamina y la incertidumbre
Tu cerebro libera dopamina no cuando obtienes una recompensa, sino cuando la anticipas. Las redes sociales aprovechan esto a través de lo que los psicólogos llaman «esquemas de recompensa variable», el mismo mecanismo que hace que las máquinas tragaperras sean tan atractivas. Nunca sabes si el siguiente desplazamiento traerá noticias de última hora, una publicación viral o algo que finalmente explique lo que está pasando en el mundo.
Esta imprevisibilidad hace que tu cerebro siga buscando la próxima actualización, liberando pequeñas dosis de dopamina por el camino. El contenido ni siquiera tiene por qué ser positivo. Cualquier tipo de información novedosa puede desencadenar esta respuesta, y es por eso que sigues desplazándote por titulares angustiosos.
Tu cerebro está programado para las malas noticias
Los seres humanos evolucionamos para prestar más atención a las amenazas que a las recompensas. Un arbusto que se agita puede ser solo el viento, pero tratarlo como un depredador mantuvo con vida a nuestros antepasados. Este sesgo negativo nos sirvió bien durante miles de años, pero los algoritmos de las redes sociales han aprendido a explotarlo. El contenido negativo genera reacciones emocionales más fuertes, más comentarios y más compartidos. Las plataformas priorizan la interacción por encima de tu bienestar, por lo que las publicaciones amenazantes o que provocan indignación suben a la parte superior de tu feed.
No eres débil por sentirte atraído. Estás respondiendo exactamente como tu cerebro fue diseñado para responder ante un peligro percibido.
La ilusión de estar informado
El doomscrolling a menudo parece productivo. Te dices a ti mismo que te mantienes informado, que te preparas para lo que pueda pasar o que te mantienes al día de los acontecimientos importantes. Esto crea una ilusión de control: si lees lo suficiente, estarás preparado para lo que venga después. Pero consumir un flujo interminable de contenido angustiante rara vez conduce a una acción significativa. En cambio, tiende a aumentar la ansiedad sin proporcionar una preparación o protección reales.
Compulsión frente a adicción
Aunque el doomscrolling comparte características con las adicciones conductuales, incluido el uso compulsivo a pesar de las consecuencias negativas, no es idéntico a la adicción a sustancias. No hay dependencia física ni síndrome de abstinencia en el sentido tradicional. Aun así, los patrones son reales: la necesidad de mirar el móvil, la dificultad para parar una vez que empiezas, la forma en que el tiempo parece desaparecer. Reconocer estos patrones compulsivos no significa etiquetarte como adicto. Significa reconocer que estás luchando contra poderosas fuerzas psicológicas, y que liberarte requiere una estrategia, no solo determinación.
Cómo afecta el «doomscrolling» a tu salud mental
Cuando consumes noticias negativas de forma continua, tu sistema nervioso no distingue entre leer sobre un desastre y vivirlo en primera persona. Tu cerebro procesa cada titular alarmante como un peligro potencial, lo que desencadena respuestas de estrés diseñadas para ayudarnos a sobrevivir a amenazas reales. Las investigaciones demuestran que este comportamiento puede aumentar significativamente el malestar psicológico, afectando a todo, desde tu estado emocional hasta tu salud física y tus relaciones.
Ansiedad, estrés e hipervigilancia
La exposición constante a contenidos amenazantes mantiene tu sistema de lucha o huida perpetuamente activado. Tu cerebro se vuelve hipervigilante, escaneando en busca de peligro incluso cuando has dejado el teléfono a un lado. Este estado de alerta crónica se manifiesta en forma de pensamientos acelerados, dificultad para relajarse y una sensación persistente de que algo malo está a punto de suceder.
Muchas personas que practican el «doomscroll» con regularidad notan que sus síntomas de ansiedad se intensifican con el tiempo. Es posible que sientas que tu ritmo cardíaco se acelera cuando aparecen las notificaciones, o que experimentes un nerviosismo leve que te acompaña durante todo el día. La cruel ironía es que el desplazamiento que realizas para sentirte preparado, en realidad te hace sentir más ansioso y menos capaz de afrontar los retos reales.
Depresión y agotamiento emocional
Cuando tu feed se compone principalmente de sufrimiento, conflictos y catástrofes, la desesperanza empieza a parecer racional. Tu cerebro comienza a creer que el mundo no es más que dolor y problemas, lo que puede contribuir a la depresión y a la sensación de que nada de lo que haces importa.
El agotamiento emocional se instala cuando has gastado tu energía mental absorbiendo las crisis de los demás. Es posible que te sientas entumecido, irritable o emocionalmente distante de las personas que te rodean. Las parejas y los familiares suelen ser los primeros en darse cuenta: estás físicamente presente, pero mentalmente en otra parte, demasiado agotado para interactuar de forma significativa.
Repercusiones en el sueño y la salud física
Desplazarse por las redes sociales antes de acostarse crea una tormenta perfecta para un sueño deficiente. La luz azul de la pantalla inhibe la producción de melatonina, pero el contenido en sí mismo plantea un problema aún mayor. Leer sobre crisis y conflictos activa la respuesta al estrés justo cuando el cuerpo debería estar relajándose. Los estudios confirman que el uso de las redes sociales en la cama se asocia con el insomnio, creando un ciclo en el que el sueño deficiente te hace más vulnerable a la ansiedad, lo que lleva a seguir desplazándote por las redes.
Los niveles elevados de cortisol debido al estrés crónico pueden causar tensión muscular, dolores de cabeza y problemas digestivos. Muchas personas también notan que su capacidad de atención se reduce: las tareas que requieren una concentración sostenida se vuelven más difíciles porque el cerebro se ha adaptado a la estimulación rápida del desplazamiento.
Señales de que podrías estar haciendo «doomscrolling»
Reconocer el doomscrolling en ti mismo puede ser complicado porque a menudo parece que solo te estás manteniendo informado. Pero hay una diferencia entre ponerte al día con las noticias y caer en un patrón que te deja agotado. Aquí tienes algunas señales de que tu navegación ha entrado en territorio problemático.
La distorsión del tiempo es una de las señales de alarma más claras. Coges el móvil para mirar una notificación y, de repente, ha pasado una hora. Esa sensación de tiempo perdido indica que has entrado en modo piloto automático.
El deterioro emocional es otro indicador importante. Las investigaciones muestran que el doomscrolling se asocia con mayores niveles de angustia psicológica, y muchas personas afirman sentirse ansiosas, tristes o desesperanzadas después de desplazarse por las redes. La paradoja: te sientes peor después de desplazarte, pero sigues haciéndolo de todos modos.
Los comportamientos de consulta compulsiva revelan lo profundamente arraigado que está el hábito. Esto se traduce en coger el teléfono antes de que tus pies toquen el suelo por la mañana, desplazarte por la pantalla durante las comidas o encontrarte completamente despierto a las 3 de la madrugada leyendo sobre la última crisis.
A menudo surgenroces en las relaciones cuando los demás se dan cuenta de lo que tú no ves. Que tu pareja te comente lo mucho que estás pegado al móvil, o que tus hijos compitan con una pantalla por tu atención, pueden ser señales de alarma incómodas.
Los síntomas físicos completan el cuadro. Es posible que te sientas agotado pero incapaz de relajarte, que notes tensión en los hombros y el cuello, o que te cueste conciliar el sueño incluso cuando estás cansado.
¿La señal más reveladora? Seguir desplazándote por la pantalla a pesar de saber que te hace sentir mal. Esa desconexión entre la conciencia y la acción es el sello distintivo de un hábito que ha tomado el control.
La evaluación de gravedad del doomscrolling en 12 puntos
Entender en qué punto del espectro te encuentras puede ayudarte a determinar el nivel adecuado de respuesta. Responde a cada pregunta con sinceridad basándote en tu comportamiento durante las últimas dos semanas.
Califica cada afirmación del 0 al 3:
- 0 = Nunca o rara vez
- 1 = A veces (unas pocas veces a la semana)
- 2 = A menudo (a diario)
- 3 = Casi siempre (varias veces al día)
- Me paso más tiempo del que tenía pensado inicialmente leyendo noticias negativas o contenido en las redes sociales.
- Me siento incapaz de dejar de navegar incluso cuando quiero dejar el teléfono.
- Mi estado de ánimo es notablemente peor después de una sesión de navegación que antes de empezar.
- Me paso 30 minutos después de despertarme o antes de dormirme viendo contenido angustiante.
- He descuidado responsabilidades como el trabajo, las tareas domésticas o las citas porque estaba navegando.
- Experimento síntomas físicos durante o después de navegar, como dolores de cabeza por tensión, fatiga visual o taquicardia.
- Recurro al móvil para navegar cuando me siento ansioso, aburrido o emocionalmente incómodo.
- Mi calidad de sueño se ha visto afectada por navegar por la red a altas horas de la noche o por pensamientos acelerados sobre el contenido que he visto.
- Las personas cercanas a mí han comentado o expresado su preocupación por mi uso del teléfono.
- Me he perdido actividades sociales o conversaciones en persona porque estaba mirando el móvil.
- Siento una sensación de pánico o una compulsión por mantenerme informado incluso cuando el contenido me perturba.
- He intentado reducir el tiempo que paso mirando el móvil, pero me ha resultado difícil mantener esos límites.
Suma tu puntuación total (de 0 a 36 puntos).
Guía de puntuación: qué significan tus resultados
Nivel 1: Leve (0-9 puntos)
Tus hábitos de desplazamiento son relativamente equilibrados. Unas sencillas estrategias de concienciación y unos límites básicos, como establecer temporizadores en las aplicaciones, deberían ser suficientes para mantener la situación bajo control.
Nivel 2: Moderado (10-18 puntos)
Estás experimentando patrones habituales de «doomscrolling» que afectan a tu estado de ánimo y a tu vida diaria. Es probable que unos límites digitales estructurados y técnicas intencionadas de sustitución de hábitos te ayuden a recuperar el control.
Nivel 3: Significativo (19-27 puntos)
El doomscrolling se ha convertido en un hábito diario con repercusiones notables en tu bienestar emocional, tu sueño o tus relaciones. Considera la posibilidad de combinar estrategias de autoayuda con el apoyo de un profesional de la salud mental que pueda abordar los patrones subyacentes de ansiedad o estrés.
Nivel 4: Grave (28–36 puntos)
Tu comportamiento de desplazamiento muestra signos de uso compulsivo que interfiere significativamente en tu funcionamiento y calidad de vida. Se recomienda encarecidamente el apoyo profesional para abordar tanto el comportamiento en sí como cualquier síntoma de ansiedad o depresión que lo acompañe.
Si tu puntuación sugiere que el apoyo profesional podría ayudarte, puedes realizar una evaluación gratuita con ReachLink para explorar tus opciones a tu propio ritmo, sin compromiso alguno. Nuestros coordinadores de atención pueden ponerte en contacto con un terapeuta titulado que comprenda los retos del bienestar digital.
Cómo dejar de hacer «doomscrolling» de verdad
Conocer los efectos del doomscrolling en la salud mental es una cosa. Dejar el teléfono a un lado es otra. ¿La buena noticia? No necesitas una fuerza de voluntad sobrehumana. Necesitas sistemas más inteligentes. Las estrategias que se indican a continuación se centran en la raíz del problema: tu entorno, tus hábitos y la naturaleza automática de coger el teléfono.
Prepara tu entorno para el éxito
La fuerza de voluntad es un recurso limitado y se agota más rápido de lo que crees. En lugar de confiar en el autocontrol en el momento, diseña tu entorno para que sea más difícil empezar a hacer «doomscrolling».
Empieza por cargar el teléfono fuera de tu dormitorio. Este simple cambio elimina el «doomscrolling» nocturno y el reflejo matutino de consultar las noticias antes de levantarte de la cama. Si necesitas una alarma, un despertador básico funciona perfectamente.
A continuación, crea una barrera entre tú y las aplicaciones que te atraen. Elimina por completo las aplicaciones de redes sociales de tu teléfono o, como mínimo, quítalas de la pantalla de inicio y colócalas en una carpeta a varios toques de distancia. Cada toque extra es un momento para reconsiderarlo. También puedes probar el modo de escala de grises, que elimina las notificaciones coloridas y las miniaturas diseñadas para llamar tu atención. Los límites de tiempo de pantalla también pueden ayudar, pero solo si los tratas como una restricción estricta en lugar de una sugerencia.
Establece límites de tiempo que realmente funcionen
El acceso ilimitado a las noticias crea oportunidades ilimitadas para caer en una espiral. Programa momentos específicos para estar al tanto de la actualidad, idealmente no más de dos veces al día. Por la mañana y a primera hora de la tarde suele funcionar bien para la mayoría de la gente. Fuera de esos momentos, las noticias están prohibidas.
Establece un límite estricto por la noche, al menos una o dos horas antes de acostarte. Tu cerebro necesita tiempo para relajarse, y consumir contenido angustiante justo antes de dormir lo hace casi imposible. Deja el teléfono en otra habitación después de tu hora límite, o utiliza una caja de seguridad con temporizador si necesitas un poco más de control.
Coméntale a alguien cuáles son tus límites. Cuando compartes tus objetivos con un amigo, tu pareja o un familiar, creas una responsabilidad social que te ayuda a mantener tus límites.
Sustituye el desplazamiento por algo mejor
Romper un hábito es difícil. Reemplazarlo por otra cosa es mucho más fácil. Cuando te entre el impulso de desplazarte por la pantalla, necesitas tener lista una alternativa a la que recurrir. El movimiento físico funciona bien: un paseo rápido, unos estiramientos o incluso simplemente levantarte y mirar por la ventana. Estas acciones interrumpen el gesto automático de coger el teléfono y le dan a tu sistema nervioso algo diferente que hacer.
Las técnicas de reducción del estrés basadas en la atención plena también pueden ayudar. Cuando notes el impulso de desplazarte por la pantalla, haz una pausa. Respira lentamente tres veces. Pregúntate qué es lo que realmente buscas: ¿conexión, distracción, una sensación de control? A menudo, nombrar la necesidad ayuda a que pase.
Si quieres seguir usando el móvil, plantéate cambiar lo que consumes. Las investigaciones muestran que interactuar con contenido positivo no conlleva el mismo desgaste emocional que el «doomscrolling». Seguir cuentas que comparten historias inspiradoras, humor o trabajos creativos puede satisfacer la necesidad de desplazarte por la pantalla sin el coste para la salud mental.
Para un cambio de hábitos más profundo, la terapia cognitivo-conductual ofrece herramientas estructuradas para identificar los desencadenantes, desafiar los pensamientos automáticos y construir patrones más saludables con el tiempo. Un terapeuta puede ayudarte a comprender por qué te deslizas por la pantalla y a desarrollar estrategias personalizadas que se mantengan en el tiempo.
Guía para restablecer los algoritmos plataforma por plataforma
Todas las plataformas de redes sociales aprenden de tu comportamiento. Cuando te detienes en una publicación, le das a «Me gusta», la comentas o la compartes, el algoritmo toma nota. Si has pasado meses interactuando con noticias estresantes o contenido escandaloso, tu feed se ha optimizado cuidadosamente para mostrarte más de lo mismo. Con un esfuerzo constante durante 5 a 10 días, puedes remodelar lo que aparece en tu pantalla.
TikTok
La página «Para ti» de TikTok es conocida por responder rápidamente a los patrones de interacción. Ve a Ajustes, luego a Preferencias de contenido y, a continuación, a Restablecer el feed «Para ti» para empezar de cero. Tras el restablecimiento, dedica de 3 a 5 días a dar «Me gusta» y ver de principio a fin contenido relajante, educativo o divertido. Desplázate rápidamente por cualquier contenido negativo sin detenerte. El algoritmo se adaptará más rápido de lo que esperas.
Empieza por dejar de seguir o silenciar las cuentas que te provocan estrés de forma constante. En la página «Explorar», pulsa los tres puntos en las publicaciones que te molesten y selecciona «No me interesa». A continuación, busca activamente y interactúa con contenido que te haga sentir bien, ya sean fotografías de la naturaleza, vídeos de cocina o cuentas de arte. Tu página «Explorar» cambiará en una semana.
Twitter/X
Esta plataforma premia la indignación, así que tendrás que ser estratégico. Silencia palabras clave específicas relacionadas con temas que te arrastran a espirales de doomscrolling. Crea listas de cuentas de las que realmente quieras saber y utilízalas en lugar del feed principal. Cambia tu cronología a la vista «Solo a quienes sigo» para evitar el contenido insertado por el algoritmo.
YouTube
Ve a la configuración de tu cuenta y borra por completo tu historial de visualizaciones. Utiliza la opción «No me interesa» en los vídeos recomendados que no te interesan. Crea una lista de reproducción dedicada llena de contenido que te relaje o te inspire, y luego ve vídeos de esa lista con regularidad. Las recomendaciones de YouTube reflejarán gradualmente tus nuevos patrones de visualización.
Ten paciencia con este proceso. Los algoritmos necesitan señales consistentes a lo largo del tiempo, por lo que un solo día de interacción positiva no va a revertir meses de hábitos de doomscrolling.
El calendario de recuperación del doomscrolling de 30 días
Romper con el hábito del doomscrolling no es algo que ocurra de la noche a la mañana. Tu cerebro necesita tiempo para adaptarse, y saber qué esperar en cada etapa puede ayudarte a superar las partes difíciles en lugar de rendirte cuando las cosas se pongan incómodas.
Semana 1 (días 1-7): La fase de abstinencia
Esta primera semana es la más difícil, y eso es completamente normal. Probablemente experimentarás un aumento de la ansiedad, irritabilidad y una atracción casi magnética hacia tu teléfono. Puede que te encuentres cogiendo el teléfono docenas de veces sin siquiera pensarlo, solo para recordar que estás intentando cambiar. Tu sistema de dopamina se está recalibrando, y al principio protesta con fuerza. Espera noches inquietas y cierta dificultad para conciliar el sueño mientras tu mente se adapta a menos estímulos.
Semana 2 (días 8–14): El punto de inflexión
Alrededor del octavo o noveno día, algo cambia. Las ganas constantes empiezan a calmarse. El sueño suele mejorar notablemente durante esta semana a medida que tu sistema nervioso se estabiliza. Puede que te sorprendas sintiéndote genuinamente aburrido, lo cual es en realidad una buena señal. El aburrimiento significa que tu cerebro ya no exige un estímulo constante. Es entonces cuando empiezas a sentir la diferencia, no solo a saberlo intelectualmente.
Semana 3 (días 15-21): Ganar impulso
Los nuevos hábitos empiezan a parecer menos forzados. Tu estado de ánimo se estabiliza y es posible que notes que tu capacidad de atención se alarga. Leer un artículo completo o ver una película sin mirar el móvil se vuelve más fácil. Las actividades sustitutivas que elegiste en las semanas anteriores ahora se sienten como auténticas preferencias en lugar de obligaciones.
Semana 4 y siguientes (días 22-30): Consolidación
A estas alturas, tus nuevos patrones se están convirtiendo en tu norma. La verdadera victoria aquí no es evitar las redes sociales por completo. Es ser capaz de consultarlas sin caer en una espiral de horas de consumo de contenido negativo.
Prepárate para los desencadenantes de recaída
Los acontecimientos noticiosos importantes, el estrés elevado, el aburrimiento y el aislamiento social son los desencadenantes más comunes que hacen que las personas vuelvan a sus viejos hábitos. Tener un plan específico para estos momentos, como enviar un mensaje de texto a un amigo en lugar de abrir una aplicación, marca la diferencia a la hora de mantener tu progreso.
Cuando el «doomscrolling» requiere ayuda profesional
A veces, los consejos y las técnicas simplemente no funcionan. Si has intentado establecer límites, ajustar tu entorno y crear nuevos hábitos varias veces sin lograr un cambio duradero, eso no es un fracaso personal. Es una señal de que podría haber algo más profundo en juego.
Los efectos del doomscrolling en la salud mental suelen ir en ambos sentidos. Es posible que te desplaces compulsivamente porque ya estás experimentando ansiedad o depresión, y no solo al revés. Para algunas personas, el consumo interminable de noticias se convierte en una forma de lidiar con el trauma, el duelo o circunstancias vitales abrumadoras. Cuando el desplazamiento sirve como válvula de escape emocional, las estrategias basadas en la fuerza de voluntad rara vez funcionan por sí solas.
Aquí es donde la terapia resulta realmente útil. Las intervenciones psicológicas, como la terapia cognitivo-conductual, pueden ayudar a romper los patrones compulsivos abordando los pensamientos y las emociones que los impulsan. Un terapeuta también puede ayudar a descubrir las causas subyacentes, ya sea estrés no procesado, enfoques basados en el trauma para experiencias difíciles o ansiedad que existía mucho antes de que tu teléfono se convirtiera en un problema.
El bienestar digital es una preocupación legítima en materia de salud mental, y los terapeutas están cada vez más familiarizados con los problemas relacionados con las pantallas. No es necesario tocar fondo para beneficiarse del apoyo. Si el doomscrolling te parece relacionado con la ansiedad, la depresión u otras dificultades, la evaluación gratuita de ReachLink puede ponerte en contacto con un terapeuta titulado a tu propio ritmo, sin presiones ni compromisos.
Liberarse del «doomscrolling» empieza por la compasión
Tus hábitos con el teléfono no se desarrollaron porque te falte disciplina. Se formaron porque las empresas tecnológicas diseñaron estas plataformas para que fueran casi imposibles de resistir, y tu cerebro respondió exactamente como la evolución lo programó. Los efectos del «doomscrolling» en la salud mental son reales, pero también lo es tu capacidad para cambiar el patrón.
Empieza con un pequeño límite. Saca el teléfono del dormitorio esta noche o establece un único intervalo de tiempo para consultar las noticias mañana. El progreso no requiere perfección. Si te das cuenta de que la ansiedad o la depresión te dificultan romper el ciclo por tu cuenta, la evaluación gratuita de ReachLink puede ponerte en contacto con un terapeuta titulado que entiende los retos del bienestar digital, sin presiones ni compromisos. También puedes acceder a apoyo desde cualquier lugar a través de la aplicación de ReachLink en iOS o Android.
Preguntas frecuentes
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¿Qué es el «doomscrolling» y por qué resulta tan adictivo?
El «doomscrolling» es el comportamiento compulsivo de desplazarse sin cesar por noticias negativas y contenidos de las redes sociales, a menudo sin darse cuenta de cuánto tiempo ha pasado. Resulta adictivo porque nuestro cerebro está programado para prestar atención a las amenazas potenciales que ponen en peligro nuestra supervivencia. Los algoritmos de las redes sociales se aprovechan de esto mostrándonos contenidos cargados de emotividad que desencadenan nuestra respuesta de lucha o huida, creando un ciclo en el que seguimos desplazándonos para sentirnos informados o en control, pero en realidad nos volvemos más ansiosos y nos sentimos abrumados.
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¿Cómo afecta a la salud mental el consumo excesivo de noticias y el desplazamiento por las redes sociales?
El doomscrolling puede afectar significativamente a la salud mental al aumentar la ansiedad, la depresión y los trastornos del sueño. La exposición constante a contenidos negativos puede provocar respuestas de estrés intensificadas, dificultad para concentrarse, sentimientos de impotencia y una percepción distorsionada de la realidad en la que las amenazas parecen más comunes de lo que realmente son. También puede alterar los patrones de sueño, aumentar la irritabilidad y contribuir al aislamiento social, ya que las personas pasan más tiempo en línea y menos tiempo en actividades del mundo real.
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¿Qué enfoques terapéuticos son más eficaces para romper el ciclo del doomscrolling?
La terapia cognitivo-conductual (TCC) es especialmente eficaz para abordar los hábitos de doomscrolling, ya que ayuda a identificar los desencadenantes y los patrones de pensamiento que conducen al desplazamiento compulsivo. Las técnicas de la terapia dialéctico-conductual (TDC), como la atención plena y la tolerancia a la angustia, pueden ayudar a gestionar la necesidad de desplazarse por la pantalla en momentos de ansiedad. Los terapeutas suelen utilizar intervenciones conductuales, como establecer horarios específicos para el consumo de noticias, crear zonas libres de teléfonos y desarrollar estrategias alternativas de afrontamiento, como la respiración profunda, escribir un diario o realizar actividades fuera de línea cuando se siente la necesidad de hacer «doomscrolling».
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¿Cuándo se debe considerar buscar ayuda profesional por un uso problemático de las redes sociales?
Considere buscar terapia cuando el doomscrolling interfiera significativamente en la vida diaria, las relaciones, el trabajo o el sueño. Las señales de alerta incluyen pasar varias horas al día con contenido negativo, sentirse incapaz de parar a pesar de querer hacerlo, experimentar un aumento de la ansiedad o la depresión después de las sesiones de desplazamiento, descuidar responsabilidades o relaciones, o utilizar las redes sociales como la principal forma de afrontar emociones difíciles. Un terapeuta titulado puede ayudar a desarrollar mecanismos de afrontamiento más saludables y abordar la ansiedad o la depresión subyacentes que puedan estar impulsando el comportamiento.
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¿Cómo puede la terapia ayudar a establecer límites digitales y hábitos de consumo de medios más saludables?
La terapia ofrece estrategias personalizadas para crear límites digitales sostenibles basados en tus desencadenantes y objetivos específicos. Un terapeuta puede ayudarte a comprender las necesidades emocionales que el «doomscrolling» podría estar satisfaciendo y a desarrollar formas alternativas de abordar esas necesidades. A través de técnicas como el entrenamiento en mindfulness, la reestructuración cognitiva y la planificación conductual, la terapia puede ayudarte a crear horarios estructurados de consumo de medios, a tomar conciencia de tus patrones de desplazamiento y a desarrollar un conjunto de herramientas de actividades saludables para sustituir los comportamientos compulsivos de desplazamiento.
