Los estudios demuestran que las parejas que buscan asesoramiento profesional durante esta transición pueden afrontar mejor los retos de la vida en común, establecer límites sanos y reforzar los cimientos de su relación.
¿Su corazón le dice que sí, pero su mente sigue sopesando los pros y los contras? Irse a vivir juntos representa uno de los pasos más emocionantes y a la vez más desafiantes de la vida, en el que se mezclan las posibilidades románticas con las realidades prácticas. Exploremos cómo superar este hito con confianza y claridad.
Vivir juntos: ¿Es la cohabitación adecuada para su relación?
Para muchas personas, las relaciones progresan a través de una serie de hitos. Normalmente, las personas se conocen, empiezan a salir oficialmente y, a continuación, experimentan varios hitos en su relación. Estos hitos pueden incluir el intercambio de «te quiero», la presentación del otro a los miembros de la familia, la celebración de aniversarios, el compromiso, la convivencia y el matrimonio.
Aunque estos pasos pueden darse en cualquier orden -o algunos pueden no darse en absoluto-, muchos creen que la cohabitación debe seguir al compromiso o al matrimonio. Sin embargo, los estudios demuestran que la cohabitación es cada vez más habitual, y que hay más adultos que han vivido en pareja que casados, según un análisis del Pew Research Center. Entonces, ¿qué impacto tiene la convivencia en las relaciones y es la opción adecuada para usted? La respuesta variará probablemente en función de cada pareja.
Comprender la cohabitación
Para algunas parejas, irse a vivir juntos representa un profundo y significativo paso adelante. De hecho, aproximadamente dos tercios de los adultos casados ven la cohabitación como un paso hacia el matrimonio. Para otras, la decisión se basa en consideraciones prácticas. Tanto si se vive en un área metropolitana como en una comunidad más pequeña, mantener una residencia propia puede suponer un reto económico, ya que el coste de la vivienda sigue subiendo. Entre los préstamos estudiantiles o las deudas de las tarjetas de crédito y los gastos cotidianos, vivir de forma independiente puede poner a prueba tus finanzas. Los recién licenciados pueden quedarse con sus padres siempre que sea posible para reducir los gastos de manutención. Las parejas de novios suelen hablar de compartir el alquiler o comprar una casa conjuntamente cuando tiene sentido desde el punto de vista económico.
Aunque los compañeros de piso pueden ayudar a resolver los problemas económicos, muchos prefieren compartir una casa con alguien a quien quieren antes que con un extraño.
La realidad de la cohabitación prematrimonial
Aunque vivir con una pareja antes del matrimonio (cohabitación prematrimonial) puede ser práctico y agradable, no está exento de posibles complicaciones. Si firmas un contrato de alquiler con alguien y luego rompéis, es posible que os encontréis compartiendo un apartamento de una habitación hasta que expire el contrato. Estas consideraciones prácticas merecen una reflexión detenida antes de tomar una decisión.
Una transición que cambia la vida
Tanto si su motivación para cohabitar es la progresión de la relación como la practicidad financiera, este cambio conlleva tanto oportunidades como retos.
Anteriormente, puede que haya pasado tiempo con su pareja dedicándose a intereses comunes, socializando con amigos o simplemente disfrutando de la compañía del otro. Después de estas interacciones, cada uno volvía a su espacio, aunque ocasionalmente permanecierais juntos varios días. Cuando se vive juntos, verse es menos opcional y más constante.
Las parejas que conviven a menudo descubren nuevos aspectos de los hábitos de su pareja en torno a la limpieza, la cocina y el aseo personal. También es posible que te des cuenta de que tienes hábitos que a tu pareja le resultan difíciles, como utilizar sus objetos personales o dejar tus pertenencias en espacios compartidos. Se hace necesario negociar el reparto de las responsabilidades domésticas. Para muchos, este nivel de transparencia resulta incómodo al principio.
Antes de vivir juntos, podías retirarte a tu propio espacio durante los conflictos. La cohabitación implica enfrentarse a los problemas en una vivienda compartida. Esta realidad lleva a algunas parejas a elegir dos dormitorios para disponer de espacio personal cuando sea necesario.
También es importante entender que las parejas no casadas no suelen tener la misma protección legal que las casadas, sobre todo en lo que respecta a la división de bienes. Sin estar casados, por lo general no tendrán las mismas salvaguardias que una persona en proceso de divorcio.
¿Deberíamos compartir casa antes de casarnos?
Vivir o no con su pareja antes del matrimonio sigue siendo una elección personal. No todo el mundo opta por esperar, y los miembros de su familia pueden desaprobar su decisión. Algunas tradiciones religiosas y culturales desaconsejan la cohabitación o compartir la cama antes del matrimonio. Su familia también puede expresar su preocupación por aspectos concretos de su pareja, como su nivel educativo o determinados comportamientos.
Posibles ventajas de la cohabitación prematrimonial
Para quienes deciden dar este paso, pueden surgir varias ventajas. Las consideraciones económicas suelen influir en las decisiones de las parejas. Los gastos de manutención compartidos suelen reducir los gastos individuales, lo que permite a las parejas ahorrar para una futura vivienda en propiedad. A la hora de solicitar una hipoteca, tener dos ingresos puede simplificar el proceso. Si uno de los miembros de la pareja tiene problemas de crédito, el otro puede avalar el préstamo.
Investigación sobre la cohabitación
Varios estudios revisados por expertos han examinado cómo afecta la convivencia antes del matrimonio al bienestar emocional y a la calidad de la relación.
Investigación sobre el bienestar emocional
Un estudio de Sara Mernitz y Claire Kamp Dush publicado en el Journal of Psychology investigó los cambios en el malestar emocional a través de varias transiciones en la relación. Estas transiciones incluían irse a vivir juntos, casarse sin convivencia previa y casarse después de vivir juntos.
La investigación se centró en adultos jóvenes veinteañeros de Estados Unidos y concluyó lo siguiente:


